domingo, 15 de octubre de 2017

(FILM) BLADE RUNNER 2049



En junio de 1982 llegó a las pantallas de cine Blade Runner, dirigida por Ridley Scott y basada en la novela “Do Androids Dream of Electric Sheep?” de Philip K. Dick. La respuesta tanto de la crítica como de la audiencia fue tibia, además de que la producción se vio envuelta en muchos problemas entre los ejecutivos y los creadores, y al día de hoy existen siete versiones oficiales de la película. Pero el tiempo se encargó de alzarla a estatus de culto, y su influencia en la cultura popular se ha sentido desde entonces.

Treinta y cinco años después llega Blade Runner 2049, la secuela dirigida por Denis Villeneuve, que está basada en una idea original y comparte a un escritor con su antecesora, Hampton Fancher. En esta ocasión la respuesta de la crítica ha sido mayoritariamente positiva, pero el público general se ha mantenido lejos una vez más. Quizás era de esperarse dada la reacción a la primera película, y es que a pesar del respeto que se le tiene hoy en día, no es una producción que lograra romper la barrera de una audiencia más especializada. Incluso previo al estreno de este nuevo filme, la pregunta más recurrente era: “¿Necesito haber visto la primera para entenderle a la segunda?”.

Mi respuesta siempre fue que “No”, pero iba acompañada de una invitación a buscarla, pues la experiencia definitivamente es más enriquecedora y parte de un universo más amplio.

En este universo existen los replicantes, androides creados para asemejar a los humanos y realizar labores arduas. Los blade runners, por otro lado, se encargan de cazarlos, o “retirarlos”, ya sea por desobediencia, o porque ya son modelos viejos. Así es como conocemos a K (Ryan Gosling), que en una misión de rutina descubre los restos de la replicante Rachael (Sean Young), los cuales muestran evidencia de que tuvo un bebé, un “milagro” que podría alterar el orden general, y por ende a K se le asigna encontrar al niño y desaparecer cualquier rastro. Sin embargo, el creador de replicantes Niander Wallace (Jared Leto), tiene otros planes -y un complejo de dios- que se interpondrán en su camino.  

K –lo sabemos desde el principio- es replicante, un modelo nuevo creado para obedecer. Vive en un modesto departamento y su única compañía es el holograma Joi (Ana de Armas), creada para darle gusto. Y bajo la superficie de ambos está esa añoranza de ser libres, de tener voluntad propia, de ser… humanos. Blade Runner 2049 es una película llena de ideas bajo esta línea. ¿Qué significa ser humano? Si fuiste creado, ¿tienes alma? Lo que sientes, ¿es real? El poder de las memorias, la necesidad de pertenecer, el miedo a la soledad, amar y ser amados.

La densidad de estos temas, sin embargo, no recibe demasiada profundidad, algo que esta película hereda de su antecesora. Estamos, ante todo, frente a dos películas que tienen como eje central investigaciones policiacas que se llevan a cabo en un entorno de cine negro envuelto en ciencia ficción. Los cuestionamientos filosóficos que surgen a partir del tema de la inteligencia artificial simplemente se ponen sobre la mesa para ser ponderados por el espectador bajo el prisma de lo que trae consigo a la proyección, algo que podría ser una oportunidad perdida, o no, dependiendo de las expectativas individuales.

K termina por ser un personaje fascinante, trágico, enigmático; el arco principal de la película cae sobre sus hombros, y en sus ojos podemos ver la desesperación y el deseo por ser una persona real, un complejo de Pinocho que Ryan Gosling interpreta magníficamente. Caso contrario el de Rick Deckard (Harrison Ford), protagonista de la Blade Runner original, y que figura ampliamente en la campaña publicitaria de esta nueva entrada, pero que aparece hasta el tercer acto más como un guiño a la nostalgia que como una adición orgánica. Deckard es parte integral del misterio central, sí, e interviene en un par de secuencias memorables (la pelea en el casino, cierta aparición del pasado), pero su participación apenas y avanza la trama; si bien su presencia es bienvenida, parece que está ahí meramente para reaccionar a todo lo que pasa a su alrededor, y por ende la película sufre en su camino a una conclusión satisfactoria.

Por eso, y porque además es demasiado larga (casi como esta reseña).

Cabe destacar que ambos personajes/actores están rodeados de un séquito de mujeres en papeles claves que, a pesar de tener menos tiempo en pantalla, dejan una considerable impresión. Todas. Sin excepción. Crédito a ellas, a los escritores, y a la imaginación de todos los involucrados para ver en esta gama de actrices internacionales el potencial para destacar y crear personajes indelebles. Me refiero a Robin Wright (americana), Ana de Armas (cubana), Hiam Abbass (israelí-palestina), Mackenzie Davis (canadiense), Carla Juri (suiza), y Sylvia Hoeks y Sallie Harmsen (holandesas).

El mayor logro de Villenueve radica, pues, en haber respetado la estética y esencia de la primera película, pero imprimiéndole una identidad propia. Blade Runner 2049 se sostiene por sí sola como una experiencia que por momentos nos hace levitar, con una narrativa elegante e inteligente que toma las bases que ya existían y las lleva más lejos. Y que además es un logro artístico de primer nivel; las palabras faltan para describir el grandísimo trabajo de Roger Deakins en la fotografía, Dennis Gassner en el diseño de producción, y Benjamin Wallfisch y Hans Zimmer en la música.

Dejaría de ser Blade Runner si no quedaran preguntas en el aire. Hay muchas, pero me quedo con la más importante de todas: ¿Por qué Joi puede reaccionar físicamente a la lluvia?

No importa, cuando lo hace es glorioso.  

Director: Denis Villeneuve.
Elenco: Ryan Gosling, Harrison Ford, Ana de Armas, Sylvia Hoeks, Robin Wright, Hiam Abbass, Mackenzie Davis, Jared Leto, Carla Juri, Dave Bautista, Sallie Harmsen, Edward James Olmos.

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viernes, 13 de octubre de 2017

(FILM) EL PORVENIR



"L'Avenir"

“Creí que me amarías por siempre”, le dice Nathalie al hombre con el que ha compartido su vida y que está por dejarla por una mujer más joven. Sus hijos ya son adultos y parecen necesitarla cada vez menos, su madre ya no puede vivir sola y es internada, Nathalie hereda un gato viejo y establece una amistad cercana con uno de sus alumnos.

El Porvenir es una película sobre momentos, sobre cómo un segundo podemos tener nuestra vida bajo control y al siguiente todo cambia. Momentos en los que aflora la inseguridad sobre lo que hemos hecho para llevarnos a donde estamos, pero aún más sobre lo que nos depara el futuro. Un sencillo relato sobre dejar ir y reinventarse.

Y al frente una magnífica Isabelle Huppert, ese regalo de la vida que siempre es un placer ver en pantalla, interpretando a una mujer fuerte pero vulnerable que se resiste a caer, una delgada línea que navega con delicadeza, tal como la película a su alrededor.

Director: Mia Hansen Love.
Elenco: Isabelle Huppert, André Marcos, Roman Kolinka.

Esta reseña apareció originalmente en la sección Primera Fila del periódico Mural (Grupo Reforma).


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viernes, 6 de octubre de 2017

(FILM) MÁS ALLÁ DE LA MONTAÑA



"The Mountain Between Us"

A simple vista, Más allá de la montaña es una historia de supervivencia en la que Ben (Idris Elba), Alex (Kate Winslet), y un perro, se hallan cuando la avioneta en la que viajan se estrella en las montañas de Utah. Pero la verdadera intención se va revelando poco a poco, dando pie a un posible romance que secuestra a la película y pasa a primer plano.

El director israelí Hany Abu-Assad, detrás de las nominadas al Óscar, Paradise Now (2005) y Omar (2013), resulta una curiosa elección para llevar la novela de Charles Martin a la pantalla grande, e inicia muy bien con un emocionante plano secuencia del accidente.   

Sin embargo, poco a poco la historia se va haciendo más rutinaria, en que los peligros del medio ambiente apenas y hacen aparición, y se da preferencia a desarrollar a los personajes hasta el cansancio (sí, él es cuadrado, ella impulsiva, ya entendimos). 

Aun así, al final deseamos que la pareja tenga un final feliz, la química está presente y los actores te lo venden. Y si no, siempre está la fotografía de Mandy Walker y la música de Ramin Djawai (Juego de Tronos) para deleitarnos.

Director: Hany Abu-Assad. 
Elenco: Kate Winslet, Idris Elba, Beau Bridges.

Esta reseña apareció originalmente en la sección Primera Fila del periódico Mural (Grupo Reforma).


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domingo, 24 de septiembre de 2017

(FILM) ¡MADRE!



mother!

A unos días de su estreno nacional, la nueva película del director Darren Aronofsky está creando una brecha en opiniones que van desde los que la llaman una obra maestra hasta los que la consideran una de las peores películas que han visto en su vida. El debate está que arde, amistades están en juego, noviazgos se derrumban, y la controversia ha sido ingeniosamente adoptada por su distribuidora para promocionarla.

¿De dónde viene esta reacción tan apasionada?  

¡Madre! es una película que se mueve bajo sus propias reglas. No está interesada en ser entretenida por ser entretenida, o en inquietar por inquietar, o incluso en establecer un arco narrativo acorde a los estándares convencionales que encontramos en la mayoría de las películas. No, aquí Aronofsky hace lo que le da la gana. Se arriesga y tira a matar. Es una película con un impacto visceral tan fuerte, que uno sale del cine sin saber qué pensar. Claro, generalizo. Pero si hay una película que necesita de tiempo para absorberse, es ésta.

A simple vista ¡Madre! narra la historia de un matrimonio conformado por un escritor que no encuentra la inspiración para escribir su siguiente libro, y su esposa que pasa los días restaurando la casa vieja que comparten. Un buen día llega una visita inesperada, un doctor que dice confundir la casa con una posada. Luego llega su esposa. Y luego… no diré más. Lo que está claro es que algo está mal con ese matrimonio, con las visitas, con todo. Buñuel se regodea.

Alegoría. Esa es la palabra clave. O alegorías, en plural. Aronofsky exige que el espectador no vea su película de forma literal, que no se tome cada suceso como un hecho. Todo significa algo, y a la vez podría significarse nada. Satura su primera mitad de referencias bíblicas, llevándolas al más oscuro de los rincones. ¿Qué nos quiere decir? La pareja cada vez está peor, él un monstruo egocéntrico, ella una víctima invisible. ¿Va por ahí la cosa? Y luego llegan más invitados. El infierno. El apocalipsis. La humanidad.

Se podría decir que la película es sobre la fama, sus obsesiones y el narcisismo que conlleva. Se podría decir que es sobre un matrimonio en crisis, los demonios que salen a la superficie, ¿la confesión del mismo director? O quizás ella representa a la madre naturaleza, él a una especie de dios, y nosotros los testigos de la creación, del hombre, y de cómo la humanidad lo echa todo a perder. Yo, en lo personal, me quedo con esta última. Y el acto final de la película –spoiler, quizás- se convierte entonces en un despliegue de locura que representa las guerras, el terrorismo, el extremismo religioso, los vicios, la ignorancia, la carencia de empatía, la carencia de sensibilidad. Todo llevado a una representación literal que derrama sangre, que hierve.

No es una película fácil de ver, pero eso no es algo malo por definición. Es una película llena de indulgencias,  y de trampas también. Una película que deja muchas interrogantes (su medicina, el hoyo en el piso). Una película pesimista… ¿con dejos forzados de optimismo? Una película que no se mueve en un plano realista, y que por ende puede repeler. No es una película fotografiada de manera convencional, sino centrada en el personaje de ella, en lo que ella hace y en lo que ella ve. No tiene una partitura, sino un inquietante diseño de sonido que por momentos se convierte en el protagonista. No sale de una misma locación, una tétrica casa que pareciera cobrar vida. Todo esto puede frustrar, e incomodar. Es la intención.

Y al centro de todo una Jennifer Lawrence que, con su peluca perfecta y maquillaje brilloso, pareciera una muñeca de porcelana, un símbolo de inocencia que solamente quiere ser feliz, crear, compartir, crecer, pero todo a su alrededor se lo impide. Una actuación valiente de una actriz valiente que merece toda mi admiración.

La indiferencia no existe aquí; podemos estar de acuerdo en que Michelle Pfeiffer se roba todas sus escenas, pero por lo demás… el turno es de ustedes.

Director: Darren Aronofsky.
Elenco: Jennifer Lawrence, Javier Bardem, Ed Harris, Michelle Pfeiffer, Domnhall Gleeson, Brian Gleeson, Kristen Wiig.

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lunes, 18 de septiembre de 2017

FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE TORONTO 2017



El Festival Internacional de Cine de Toronto es uno de los festivales más importantes del mundo, y también uno de los más grandes. Casi 300 películas se mostraron este año, de las cuales la mayoría fueron estrenos mundiales. En los últimos años el Festival de Telluride en Colorado le ha robado un poco de atención, con muchas de las películas de mayor expectativa estrenándose ahí antes de llegar a Canadá. Esto ha causado cierta rivalidad, sobre todo porque ambos festivales son considerados la punta de lanza para las producciones de las que se hablará el resto del año en cuestión de premios y el tan codiciado Óscar. Sea como sea, Toronto sigue siendo un monstruo y estandarte al que acuden cada año decenas de estrellas para desfilar por las alfombras rojas y tener un acercamiento con las audiencias, que por lo general vuelan de todo el mundo para ver las películas de sus autores favoritos.

El festival otorga al final un premio del público, el cual es muy codiciado pues por estadística la película ganadora suele ser nominada al Óscar como Mejor Película; ése ha sido el caso en 8 ocasiones de los últimos 10 años. La ganadora esta vez fue Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, una modesta comedia negra estelarizada por Frances McDormand que –a pesar de haber visto 27 películas en los 6 días que asistí- por supuesto me perdí. Por lo menos tuve oportunidad de ver el segundo y tercer lugar: I, Tonya y Call Me By Your Name, respectivamente.

Mi experiencia en el festival se vio marcada por ciertas corrientes temáticas que fueron tomando forma conforme avanzaban los días. Muchas de las películas más esperadas tenían a actores de renombre encabezando trabajos de directores que por sus trayectorias crearon mucha expectativa. Darkest Hour, de Joe Wright, es una de las películas que recibirá mayor atención esta temporada, ya que Gary Oldman se transforma por completo para interpretar al emblemático Winston Churchill en una película en la que se grita mucho y que podría considerarse la hermana menor de Dunkirk, pues retrata el otro lado de la evacuación de tropas aliadas cuando Churchill luchó por no doblegarse ante Hitler. Una de las mayores decepciones, sin embargo, fue Downsizing, de Alexander Payne, encabezada por un Matt Damon que decide hacer uso de la tecnología moderna para encogerse y vivir en una sociedad pequeña que no contamine tanto al mundo; interesante concepto que mezcla tonos sin éxito y se desinfla cada vez más y más. Damon también es el protagonista de Suburbicon, de George Clooney, una comedia violenta que inicialmente fue escrita por los hermanos Coen, y cuya influencia se nota en cada encuadre aunque como un trabajo menor que sin embargo es bueno por sí mismo. Andrew Garfield va con todo por una nominación en Breathe, de Andy Serkis, en un papel muy parecido al de Eddie Redmayne en The Theory of Everything, el cual saca avante gracias también al buen trabajo de su coprotagonista Claire Foy, a quien se agradece ver en pantalla grande. Resultados desiguales son los que obtenemos de Roman J. Israel, Esq. (empezando por el título), de Dan Gilroy, en la que Denzel Washington hace uno de los trabajos más extravagantes de su carrera, interpretando a un abogado que eventualmente se mete en problemas con la ley. Finalmente, una de las películas más esperadas fue The Shape of Water, de Guillermo del Toro, que tras haberse llevado el León de Oro en Venecia llegó con expectativas altísimas; se trata de una bellísima y bizarra historia de amor entre una extraordinaria Sally Hawkins y una criatura acuífera, con una fotografía y diseño de producción empapada de verdes (recordando los primeros trabajos de Alfonso Cuarón en Hollywood) y un subtexto muy emotivo sobre el poder de la empatía. Se trata también de una producción con elementos queer, que vino a encabezar un bombardeo de películas que siguieron también esta línea.

Por encima de todas estuvo Call Me By Your Name, de Luca Guadagnino, que desde su estreno en Sundance ha ido recolectando elogios en donde se presente, y con toda la razón; se trata de una verdadera joya encabezada por Armie Hammer y un excelente Timothée Chalamet, que con gran delicadeza alcanza un impacto emocional muy fuerte. Otra película que ha viajado ya a muchos festivales es Una mujer fantástica, del chileno Sebastián Lelio, sobre una cantante transexual que se enfrenta a la familia de su novio cuando éste fallece, y que encabeza una soberbia Daniela Vega en un papel que dará mucho de qué hablar. Lelio también llegó al festival con Disobedience, que la publicación Indiewire catalogó como una “Carol judía ortodoxa”; la comparación, sin embargo, no le favorece, por lo que es mejor verla por sí misma y apreciar la actuación de Rachel McAdams como el elemento más rescatable de una película sólida pero menos afectiva de lo que quiere ser. Curiosamente ésta fue una de cuatro películas de temática lésbica que vi una tras otra -sin planearlo y por mera casualidad- lo que habla de la fuerte presencia de este tema en el programa (y esto sin mencionar las que me faltaron de ver como A Worthy Companion, con Evan Rachel Wood, o My Days of Mercy, con Ellen Page). Las que sí vi fueron Novitiate, de Margaret Betts, sobre una chica que entra a un convento donde todas las monjas son guapísimas y la madre superiora es un monstruo; cliché tras cliché, y aunque se habla de una muy posible nominación al Óscar para Melissa Leo, yo me quedo con el gran trabajo de Julianne Nicholson. Thelma, de Joachim Trier, toma un camino menos convencional para tocar el tema de una joven que parece tener ciertos poderes telequinéticos, y que resulta muy interesante de ver mientras estamos frente a la pantalla, pero que al final no trasciende. Caso contrario con Battle of the Sexes, de Jonathan Dayton y Valerie Faris, un inteligente y muy entretenido recuento del circo alrededor del partido de tenis que jugaron Billie Jean King y Bobby Riggs en 1973; lo que la eleva es la forma en la que aborda temas de feminismo y sexualidad que hacen eco en nuestra sociedad actual, y que además encabeza una excelente Emma Stone en otro papel memorable para el bolsillo. Por último, tuve la oportunidad de ver BPM (Beats Per Minute), la película del director marroquí Robin Campillo que se llevó el Gran Premio del Jurado en el pasado Festival de Cannes, y que muestra el trabajo del movimiento ACT UP en Francia para luchar contra la indiferencia hacia el brote de SIDA a principios de los noventas; una película que no será para todos, pero que yo encontré extraordinaria, didáctica y muy emocional.

Tuve la oportunidad también de ver otras películas que venían de presentarse en Cannes, como Loveless, de Andrey Zvyagintsev, que se llevó el Premio del Jurado allá, y que retrata a un matrimonio en una crisis que aumenta cuando su hijo desaparece; al igual que Leviathan, presenta una imagen muy sombría de la sociedad rusa bajo el prisma de dos personajes a los que no les podemos quitar los ojos de encima. También pude ver The Killing of a Sacred Deer, de la que mientras menos se sepa mejor, y en la que el director Yorgos Lanthimos muestra una vez más que vive en un plano y lenguaje muy particular y muy suyo, resultando en una experiencia bizarra, aterradora, y fascinante en igual medida. También pude ver The Florida Project, de Sean Baker, que desde Cannes ha sido muy elogiada pero con la que yo no conecté y me temo que será mi Toni Erdmann de este año; está llena de grandes momentos, con una actuación increíble de la niña Brooklynn Prince, pero que después de un rato no tiene a donde ir y se vuelve tediosa, monótona y plana, con un final inolvidable que sin embargo llega muy tarde.

Curiosamente estas tres películas tienen en común relaciones de padres e hijos que resultan en mucho drama, algo que se vio con demasía en varias propuestas del festival. La más notoria fue quizás Lady Bird, debut como directora de Greta Gerwig, en la que plasma anécdotas de su propia vida y de su relación con su madre; una película maravillosa que no toma el camino fácil y que cuenta con dos notables actuaciones de Saoirse Ronan y Laurie Metcalf. Ronan también encabeza On Chesil Beach, de Dominic Cooke, una de dos adaptaciones que se vieron de novelas de Ian McEwan, en la que la estricta educación que recibió el personaje principal le afecta en su vida sexual una vez que se casa; sencilla y muy bien actuada también por su contraparte Billy Howle. La otra adaptación de McEwan fue The Children Act, de Richard Eyre, en que una juez interpretada por Emma Thompson, tiene que decidir sobre el caso de un joven Testigo de Jehová que se rehúsa a recibir un trasplante de sangre que necesita para sobrevivir; la película tiende a ser simplista y melodramática, pero la logran elevar las actuaciones. En Molly’s Game, de Aaron Sorkin, la protagonista tiene una relación complicada con su estricto padre, cuya influencia la lleva a meterse en muchos problemas una vez que es adulta, y cuya historia real es contada por Sorkin con su característico (e interminable) diálogo, en una película que nos deja exhaustos pero remunerados. Ninguno de estos padres es tan tóxico como la Alison Janney de I, Tonya, dirigida por Craig Gillespie como una comedia negrísima sobre la vida de la patinadora Tonya Harding, en lo que fue una de las mayores sorpresas del festival y que podría llevar tanto a Janney como a Margot Robbie a competir por premios importantes; aunque no fueron unánimes los elogios, yo la disfruté muchísimo y me pareció una inteligente y muy divertida forma de contar esta trágica historia.

Esto, y que además se agradece reír un poco enmedio de un festival de cine, en que por lo general se presentan dramas y temáticas fuertes que, junto con el sueño, terminan por cansar mucho a los espectadores. Es por eso que otro respiro de aire fresco vino cortesía ni más ni menos que de James Franco, quien dirige y estelariza The Disaster Artist, un detrás de cámaras de la filmación de la película de culto The Room, considerada una de las películas más malas de la historia pero que, al igual que Ed Wood, fue creada por un hombre muy particular, Tommy Wiseau, que no entendía el nivel de atrocidad que estaba haciendo; reí y reí y la prensa se fundió en aplausos cuando terminó, algo muy raro en este tipo de funciones.

A pesar de que hasta ahora casi todo ha sido cine de Hollywood, también tuve oportunidad de ver una pequeña y sólida producción argentina llamada Alanis, de Anahí Berneri, que retrata la vida de una prostituta que no le pide perdón a nadie pero es juzgada por una sociedad que igual la impulsa que la recrimina. Loving Pablo, de Fernando León de Aranoa, es una fallida producción sobre el narcotraficante Pablo Escobar en la que Penélope Cruz parece estar en una comedia romántica, mientras Javier Bardem está en un thriller violentísimo que no parece terminar nunca; y todo en inglés. Ava, de Sadaf Foroughi, es una impactante producción iraní sobre la emancipación de una joven en una sociedad que no le perdona nada a las mujeres, y que se llevó el premio de la crítica FIPRESCI de la sección Discovery. Por otro lado, Foxtrot, del israelí Samuel Maoz, venía de adjudicarse el León de Plata del Festival de Venecia, e igualmente impactó con su intimista y surreal retrato del duelo y las cicatrices de guerra. Y finalmente Mary Shelley, una película estadounidense dirigida por la directora saudí Haifaa Al-Mansour, que no podría ser más diferente a su anterior producción Wadjda, y que retrata la vida de la creadora de Frankenstein, incluyendo su tormentoso matrimonio con el poeta Percy Shelley; ni la presencia de la siempre angelical Elle Fanning logra levantar una película sobre adolescentes bohemios en la época victoriana que se te olvida en cuanto termina.

Así, pues, esta experiencia de mucho cine, poco sueño y mucho menos comida. Aquí mi ranking personal de lo que vi:

1. Call Me By Your Name
2. The Shape of Water
3. The Killing of a Sacred Deer
4. BPM (Beats Per Minute)
5. The Disaster Artist
6. Lady Bird
7. I, Tonya
8. Battle of the Sexes
9. Loveless
10. Molly's Game
11. Una Mujer Fantástica
12. Foxtrot
13. Breathe
14. Ava
15. Alanis
16. Suburbicon
17. Darkest Hour
18. Disobedience
19. On Chesil Beach
20. The Children Act
21. Thelma
22. The Florida Project
23. Roman J. Israel, Esq.
24. Novitiate
25. Mary Shelley
26. Downsizing
27. Loving Pablo

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jueves, 31 de agosto de 2017

(FILM) ATÓMICA



"Atomic Blonde"

Hay un momento en Atómica en que nuestra protagonista se sube a un elevador, respira profundo, y cuando las puertas se abren se desencadena una secuencia de pelea de casi diez minutos que está filmada como si no tuviera cortes, y que es de una brutalidad y audacia tales, que conforme avanza nuestra boca se abre más y más, dejándonos exhaustos y maravillados por lo que acabamos de ver. Una secuencia que, desde ya, se convierte en un clásico del tipo, uniéndose a otras de cintas como Oldboy (2003), Niños del hombre (2006) y Revenant: El Renacido (2015).

Sobra decir que esta escena por sí sola justifica el boleto de entrada, pero afortunadamente el resto de la película se sostiene como una entrega sólida de un género de acción estilizada que tuvo un auge reciente con John Wick (2014). Esto no es coincidencia, ya que el director David Leitch co-dirigió aquella película aunque no se le dio el crédito oficial.

Basada en la novela gráfica “The Coldest City” (2012), de Antony Johnston y Sam Hart, Atómica sigue a Lorraine Broughton (Charlize Theron), una espía británica que es enviada a Berlín a finales de la Guerra Fría para recuperar una lista de nombres que compromete a agentes encubiertos.

Durante su misión, se topará con varios personajes y obstáculos en lo que se convertirá en una larga y vacía maraña de acción y espionaje con aires de un John le Carré muy light, además de un elegante soundtrack ochentero y una espectacular Theron.

Director: David Leitch.
Elenco: Charlize Theron, James McAvoy, Sofia Boutelle, Eddie Marsan, John Goodman, Toby Jones, Bill Skarsgård, Til Schweiger, James Faulkner.

Esta reseña apareció originalmente en la sección Primera Fila del periódico Mural (Grupo Reforma).


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jueves, 24 de agosto de 2017

(FILM) LA TORRE OSCURA



"The Dark Tower"

Las novelas de Stephen King han visto numerosas adaptaciones al cine con distintos niveles de éxito. El estilo del autor ha dado para películas de drama, horror, suspenso y fantasía, siendo este último género al que pertenece La Torre Oscura, basada en la saga de ocho libros publicados de 1982 a 2004.

En ésta, una torre en el centro del universo une a todos los mundos, protegiéndolo de entes malignos que quieren entrar. Walter, “El Hombre de Negro” (Matthew McConaughey), quiere derribarla para poder gobernarlo todo, pero necesita la mente de un niño especial, Jake (Tom Taylor), para lograrlo. Un último pistolero, Roland (Idris Elba), protegerá a Jake mientras busca a Walter para vengar a su padre.

Cuatro escritores se dieron a la tarea de condensar elementos de toda la serie en una película que fuera entendible, y quizás el inicio de un universo que diera para más películas o series de televisión, pero el resultado es tan poco memorable que el interés generado será escaso. No es una película mala, pero sí olvidable.

Gran parte del problema es la poca empatía que sentimos por los personajes, ya que se nos da información a cuentagotas sobre sus vidas y motivaciones. Tenemos al malo, al bueno, y al elegido, algo que hemos visto cientos de veces con mejor desarrollo.

Eso sí, mientras estamos frente a la pantalla la película entretiene y se mueve bastante rápido, además de que Elba irradia suficiente carisma para mantener nuestro interés de principio a fin.   

Director: Nikolaj Arcel. 
Elenco: Matthew McConaughey, Idris Elba, Tom Taylor, Dennis Haybert, Jackie Earle Haley, Abbey Lee, Claudia Kim, Katheryn Winnick.

Esta reseña apareció originalmente en la sección Primera Fila del periódico Mural (Grupo Reforma).


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viernes, 18 de agosto de 2017

(FILM) OBSESIÓN



"Broken Vows"

Tara (Jaimie Alexander) y Michael (Cam Gigandet) están a semanas de casarse, pero en su despedida de soltera Tara se acuesta con un barman, Patrick (Wes Bentley), quien se obsesiona con ella y empieza a entrometerse en su vida.

La ópera prima del director Bram Coppens quiere emula a una Atracción Peligrosa (1987) a la inversa, pero el resultado es penoso y el intento se queda simplemente en eso; he aquí un thriller psicológico que no cuenta ni con ímpetu ni con tensión.

La película no fue estrenada en cines en su país natal y es evidente el por qué: el montaje es torpe, la dirección de actores es incompetente, y el guion –que se aleja de cualquier comportamiento humano reconocible- está compuesto de un cliché tras otro, aderezado de diálogos y escenas risibles que por momentos la acercan más a una parodia.

A veces uno puede derivar cierto placer de ver películas tan malas que desafíen la comprensión, pero Obsesión (2016) -con todo y su título genérico- se toma demasiado en serio y no hay nada que sus competentes actores puedan hacer al respecto.   

Director: Bram Coppens.  
Elenco: Jaimie Alexander, Wes Bentley, Cam Gigandet.

Esta reseña apareció originalmente en la sección Primera Fila del periódico Mural (Grupo Reforma).


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jueves, 10 de agosto de 2017

(FILM) HAZLO COMO HOMBRE



En la década de los noventas se dio el surgimiento del movimiento New Queer Cinema, en que muchos cineastas se arriesgaron con proyectos de temática LGBTQ motivados por poner en pantalla historias personales y políticas que atacaran la percepción sobre el tema tabú de la homosexualidad. Los grandes estudios se alinearon y produjeron comedias como La jaula de los pájaros (1996) y ¿Es o no es? (1997), que si bien no eran sutiles en su mensaje, lograron llegar a las masas y reírse de sí mismas.    

El cine mexicano se tardó más en cuestión comercial, a pesar de que cineastas como Jaime Humberto Hermosillo, Arturo Ripstein y Julián Hernández llevaron la batuta de propuestas transgresoras. Dramas como La otra familia (2011) y Cuatro Lunas (2014) lograron atraer a un público más amplio, pero es apenas el último año que ha visto dos propuestas de comedias de gran alcance atacar este estigma: la fallida Macho (2016) y ahora Hazlo como hombre (2017).  

El mundo de Raúl (Mauricio Ochmann) parece derrumbarse cuando su mejor amigo, Santiago (Alfonso Dosal) le confiesa que es gay. A partir de ahí se da una serie de situaciones en las que Raúl pasa por un proceso de repudio a uno de aceptación, incluyendo tocar todos los estereotipos que se nos puedan ocurrir, pero revirtiéndolos (en su mayoría) de manera que sean igual accesibles que instructivos.

El tono es exagerado y hasta burdo, sí, con actuaciones que van de lo entregado (Ochmann) a lo sobreactuado (Aislinn Derbez), pero la película divierte y logra salir avante gracias al toque de su director y al carisma que emana de cada recuadro.

Director: Nicolás López.
Elenco: Mauricio Ochmann, Alfonso Dosal, Aislinn Derbez, Ignacia Allamand, Humberto Busto, Ariel Levy.

Esta reseña apareció originalmente en la sección Primera Fila de los periódicos Reforma y Mural.

 

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viernes, 4 de agosto de 2017

(FILM) PARÍS PUEDE ESPERAR



"Paris Can Wait"

Eleanor Coppola –esposa de Francis y mamá de Sofia- hace sus pininos como directora de ficción a sus 80 años con una historia basada en un episodio de su vida. Anne (Diane Lane) necesita llegar a París tras haber visitado Cannes con su esposo Michael (Alec Baldwin), y el socio de éste, Jacques (Arnaud Viard), se ofrece para llevarla en coche.

Lo que sigue es parte drama de Lifetime (literal, ellos la produjeron) y parte documental de viaje, en el que todo es bonito –las vistas, la comida - y solamente falta un guion medianamente decente para completar el paquete.

El viaje hace que Anne abra los ojos y reconozca que su vida está regida por el trabajo de su esposo. Irónicamente, durante el recorrido se la pasa haciendo todo lo que otro hombre le dice, y aun así debe parecernos encantador y hasta romántico.

La química entre ellos es inexistente, las actuaciones de telenovela, y encima tiene una partitura que coloquialmente describimos como música de elevador. La experiencia es tan insufrible que terminamos convirtiéndonos en niños cuando viajan con sus papás y se la pasan preguntando: “¿Cuánto falta para llegar?”.

Director: Eleanor Coppola.
Elenco: Diane Lane, Arnaud Viard y Alec Baldwin.

Esta reseña apareció originalmente en la sección Primera Fila del periódico Mural (Grupo Reforma).


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